
En el Capítulo E (pincha aquí para leerlo y entender algo) os conté cómo conseguí hacerme con mi león. Al principio yo creía que eso del color de su piel y de su melena era cuestión de raza, pero me equivocaba:
- No, no Sr. Landy. Sólo existe una raza de leones en el mundo. Lo de mi pelo me lo ha hecho "Pascu", el peluquero. Es lo último en tintes.
Nunca le dí importancia a esta conversación. Sin embargo, hace unos días me confesó algo más:
-Sr. Landy, lo siento, lo siento pero me marcho. Me voy a Inglaterra a operarme.
-¿Cómo? ¿A inglaterra? ¿A operarte?
-Sí, Sr. Landy. Me voy mañana mismo.
-Pero...
Después me confesó que su operación era para cambiar de sexo.
-Sí, Sr.Landy. Como lo oye. No quiero cambiar de sexo para convertirme en una leona. No. Yo lo que quiero es ser una mujer. Y además, ser una mujer de hoy, del siglo XXI: que camine erguida sobre dos hermosas piernas; que sea independiente, libre y moderna; quiero trabajar dignamente y divertirme y quién sabe si formar familía con algún rico...
Así hizo. Mi león se operó en Inglaterra para convertirse en mujer. Y acabó siendo lo que veís en la imagen: un león con cuerpo de mujer. Se cambió el nombre. Ahora es Sandra. La televisión se hizo eco del asunto. Pero pronto se olvidaron de ella (de él). Ahora trabaja como prostituta para seis comadantes del ejército inglés en Arizona.
¡Joder!
Con lo que molaba tener un león.
Un abrazo,
Sr.Landy.